Pastilla Roja

Estoy borracho. Eso para empezar. Y no es que esta circunstancia vaya a suponer que lo que escriba a continuación sea emocionante o excepcional, aunque sí que creo que es decisiva en cuanto a que me ha llevado a escribir algo de una vez. No son pocas las veces en las que quiero hacer algo, ya sea resucitar este blog que lleva muerto mucho (en realidad, desde siempre, ya que nunca he terminado de saber qué es la constancia), o subir un vídeo a YouTube y devolver a la vida también esa otra faceta mía (¿faceta? subí vídeos durante un tiempo y parecía gustarme. Ahora no sé si es algo que vaya a disfrutar o que se me de bien realmente). Pero nunca puedo hacerlo. Es como sufrir de impotencia en general, en la vida. Impotente para hacer cualquier cosa, porque antes de poder incluso planear el primer paso para hacerlo, tu cerebro te acosa con cien mil razones por las que no sería una buena idea hacerlo. En fin.

Pero ahora se han dado, al parecer, las circunstancias adecuadas para que, de hecho, me de por hacer algo. En este caso, escribir. En primer lugar, que estoy borracho. Eso ya lo he dicho. Y encima no porque haya bebido tanto. Será que no he cenado. Después, que estoy empachado. Estoy empachado de consumir media. Concretamente una serie de Netflix que me he visto del tirón (ya no sé cómo se ve una serie sin hacerlo en un solo día, aunque sea sin dormir en toda la noche), y multitud de vídeos de YouTube. Esto me pasa mucho realmente. Aunque por diversas circunstancias he pasado unas semanas en las que, por suerte, no me he perdido en el agujero negro de YouTube, ya iba tocando, y al ser fin de semana, aunque llevo mucho sin distinguir cuándo vivo en un fin de semana del resto de la semana, me he dado el gusto. Pero claro, es como un atracón de comida en el Burger. Que me encanta también, pero me pasa lo mismo, al principio es como: ‘mmm que rico’. Luego es como: ‘buf, voy a vomitar’. Pues así me encuentro, y efectivamente, eso estoy haciendo. Vomitar.

Vomitar por fin en formato post una idea que, seguramente se quede en eso, en Idea. O tal vez decida emborracharme todas las noches para poder ser capaz de materializar algo de lo que pienso, ya que parece que de lo contrario no hay manera… En cualquier caso, quiero empezar a escribir aquí regularmente. Y voy a decir de forma muy directa el por qué. Pues por el complejo de Mesías, claro. Leí la expresión ‘complejo de Mesías’, en el libro K-Punk 3 de Mark Fisher por la editorial Caja Negra, que acabo de leer hace poco, y bueno, me siento enormemente identificado. Cada vez que pienso que podría ser productor cultural de algún tipo, ya sea haciendo música, o escribiendo, creo que es esa la enfermedad que lo induce, el complejo de mesías (messiah complex). Creerse uno mismo tan importante como para pensar que tienes tú que venir a alumbrar al mundo con tus mierdas. Es que de verdad, creo que es eso. Pero claro, que lo overthinkeo todo, puedo llegar a pensar que todo se trata de complejo de mesías, porque lo que pienso muchas veces es: ‘para qué hacer nada, si para cualquier cosa que pueda plantearme hacer, ya habrá muchos otros que la puedan hacer mil veces mejor que yo’. Creo que eso tenía otro nombre, en plan psicológico, pero no me acuerdo. Es una impotencia total, vaya. A mí eso me lleva a no hacer absolutamente nada, al final. Aunque tampoco sé si realmente hay algo malo en no hacer nada. Pero claro, en la sociedad capitalista, no puedes quedarte ahí parado. Se te quedarán mirando en plan, qué coño haces. Haz algo, joder.

Joder, me está sentando bien esto de escribir, la verdad.

En fin, lo que quiero decir es, está guay tener un blog, y está guay escribir en él. Tener un blog es de las primeras cosas, o casi que la primera cosa que me propuse hacer en la vida. En el cole hice mi primer blog, animando a otros compis a unirse. Creo que sigue online. Sí, es este: coleloco.blogspot.com. Después de ese hice más, que por ahí andarán, pero el caso es que me hizo ilusión crear un blog cuando era todavía muy pequeño.

Joder, qué risa que salga al principio de todo una foto de Malena Alterio en coleloco. Jajajajaja.

Bueno, pues de lo que quería hablar también es de que me he estado planteando qué debería hacer, si cultivar el blog o, por el contrario, crear una newsletter. Supongo que sabréis todos lo que es una newsletter, eso de escribir algo, exactamente igual que en un blog, pero que les llegue a los suscriptores al mail, e idealmente estos te paguen por recibirla. Parece que a algunos periodistas les está yendo bien con eso. Pero yo he pensado… Joder, ¡con lo bonito que es escribir en un blog! Pero claro, los blogs están muuuuuuy pasados de moda. Osea, ¿quién tiene o quién sigue un blog en 2021? Pues habrá gente, pero más bien pocos, ¿no? Pero creo que un blog puede tener, al menos el potencial, de ser algo mas bello que una newsletter, ya que hasta donde yo sé o he visto, la newsletter la recibes en el mail, la lees si quieres, y punto. Pero no tienes opción de, por ejemplo, dejar un comentario. Los comentarios son importantes. La cajita de comentarios es de lo más importante que tiene YouTube. Es la creación de comunidad. Sí, ese es un invento guay.

Aparte de eso, está el tema del diseño: poder invertir tiempo en diseñar el aspecto de tu blog (qué guay poner widgets, fotos de fondo, hacer un logotipo, elegir los colores, las fuentes…), y lo de tener una «página web propia», aunque eso es ya lo de menos, porque cualquiera puede tener una página web. Pero bueno, no sé, es la sensación de tener tu propio pequeño espacio en la inmensidad de la red. Tu pequeña islita en el océano. Creo que eso es bonito.

El caso es que entiendo que, ¿quizá tener una newsletter puede ser más monetizaste que un blog? Porque puedes insistir con más facilidad a la gente para que te pague a cambio de recibir tus textos semana a semana. Pero como tampoco creo que eso sea tan así, (hay muchas formas de monetizar, en realidad), y además veo ejemplos de blogs exitosos que aún existen (como el muy valioso waitbutwhy.com, que me descubrió hace tiempo un compañero de trabajo), pues no creo que sea tan mala idea decidirse por seguir en el mundo de los blogs.

Pero a todo esto hay que sumarle lo que he dicho antes, el complejo de mesías, junto al, supongo, más simple ‘culo veo, culo quiero’. Y es que estoy muy enganchado a Mark Fisher. Para los que no lo conozcáis, es un señor inglés que ha escrito varios libros cagándose en los muertos del capitalismo, y que se suicidó hace unos cuantos años por la depresión que llevaba encima. Este autor, del que recientemente he leído nuevos textos mediante la edición de K-Punk 3 en español de Caja Negra, tenía un blog a través del cual cultivó cierto seguimiento y ‘fama’ relativa. Entonces claro, pues al leer textos tan increíblemente buenos que vienen, originalmente, de un simple blog en Internet, me entra la morriña y me dan ganas de recuperar mi blog, como si pensase que voy a poder escribir algo ni una décima parte comparable a la obra de este hombre, profesor de universidad, que me ha cambiado bastante la vida.

De verdad, para todos aquellos que, o bien tengáis depresión, o bien penséis que el capitalismo es una mierda. Deberíais buscar algo sobre él. En mi caso, el impacto que este ha causado en mí es inmenso, ya que: tengo depresión, y tenía la ligera intuición de que el capitalismo es una puta mierda. Así que claro, leer a este autor ha sido como si se me presentase ante mis ojos Morfeo, de Matrix, y me diese la pastilla roja. Por un lado, porque resulta muy satisfactorio ver escrito en palabras y de forma racional lo que llevabas tanto tiempo sintiendo, y por otro, porque es también satisfactorio ver que quien hace esto es un académico con, de hecho, bastante conocimiento, lo que te hace no sentirte tan solo en tus deprimentes conclusiones sobre el sistema ya que descubres que no eres el único que piensa así, y además te ves reforzado porque, joder, este tío era profesor universitario. No solo no estás loco sino que de hecho cabe la posibilidad de que tengas razón.

(Por cierto, Mark es el de la foto, el de la foto de arriba de este post).

Y bueno, comentar también que no he mencionado antes la ‘pastilla roja’ por casualidad. Estamos a poco de que se estrene la cuarta de The Matrix, vaya peliculones. Me hace mucha ilusión, aunque existen dudas, y con razón, de que la nueva película vaya a ser buena, pero oye, yo igualmente iré a verla con muchísimas ganas. Y justo a colación de ello, me he visto algunos vídeos acerca del impacto de Matrix en la cultura, y en concreto en cómo se la agencian los de izquierdas y los de derechas. En realidad nunca he escuchado a ningún conocido mío hablar de esta película. Y en Internet, a los únicos que he escuchado hablar sobre ella son individuos de derechas. En plan, el mítico reply de Lilly Wachosky (una de las creadoras) al tuit de Elon Musk contestado por Ivanka Trump. Elon Musk, un puto milmillonario que nada tiene de bendito, diciendo que tomemos la pastilla roja… Menos mal que Lilly les dijo: «¡Qué os jodan a los dos!». Bueno, sobre todo esto recomiendo mucho este vídeo de un canal sobre política que está bastante bien:

Y en referencia a todo esto, yo digo que voy a rearmarme con estos símbolos culturales como persona de izquierdas. ¡La pastilla roja es para mí! Porque decido abrir los ojos ante el opresor sistema capitalista y, no sé, en primer lugar intentar ver la realidad tal como es, con la esperanza de poder hacer algo en algún momento… Pero claro, para ello tendría que intentar alcanzar un punto intermedio entre el complejo de mesías y la autoestima destruída, que parece que me muevo entre los dos polos pero nunca en el punto medio.

En fin, termino esto diciendo larga vida a Mark Fisher. Larga vida a los blogs, forma de vida antiquísima de Internet que tenía tanto que ofrecer, y larga vida a las hermanas Wachosky. Qué genias.

Peace! 🙏🏻✌🏻

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